El barroco también se caracterizo por una ausencia de sensualidad. La pintura barroca se caracterizó por tocar los siguientes temas: escenas religiosas, retratos, mitología, escenas cortesanas e imágenes de la vida cotidiana, aunque empiezan a desarrollarse también los paisajes y los bodegones, que también recibe el nombre de “naturaleza muerta”. Se utilizó como uno de los estilos principales el claroscuro o el tenebrismo de Caravaggio así como colores no tan vivaces ya que las formas se definían mediante sombras y no mediante los colores en sí.
Por otro lado, el Rococó es un estilo independiente que surge como reacción al barroco clásico impuesto por la corte de Luis XIV y, a diferencia del barroco, se caracteriza por la opulencia, la elegancia, la sensualidad, la galantería y por el empleo de colores vivos, que contrastan con el claroscuro del barroco. Es un estilo aristocrático, revela el gusto por lo elegante, lo refinado, lo íntimo y lo delicado. Plasma una vida despreocupada y agradable que la sociedad ansía y se desentiende de cuestiones religiosas. Es un arte mundano, sin conexión con la religión, que trata temas de la vida diaria, no simboliza nada social ni espiritual, sólo superficialidad. Por todo esto se considera la pintura Rococó como una pintura frívola, exclusiva de la aristocracia.